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El Saco Navideño Robado

El Cacao Mágico de Papá Noel

¿Por qué bebe Papá Noel siempre el mismo cacao en sus viajes, siglo tras siglo? La historia detrás habla de un viaje, una sorpresa y un sabor que ha perdurado hasta hoy.

Cuatro tazas de cacao humeante, decoradas con escenas de la historia

Damaris y el Primer Cacao

También Damaris había oído hablar de la novedosa bebida que ganaba popularidad en la Europa del siglo diecisiete. El cacao se consideraba precioso, exótico y distinguido, una de esas rarezas de las que hablaban los viajeros y que las cortes observaban con gran curiosidad.

Damaris vivía con Casiric en Europa Central, pero su labor la llevaba mucho más allá de sus fronteras. Como guardiana del equilibrio del clima, recorría tierras lejanas, observaba corrientes, vientos y el cambio de las estaciones. Así conoció a gentes, mercancías y costumbres que en su tierra apenas nadie conocía.

En uno de esos viajes adquirió cacao. Había oído hablar de su especial fama y de que, en su tierra lejana, se consideraba una bebida de importancia casi divina. Aquello despertó su curiosidad. Pero, sobre todo, quería sorprender a Casiric con él.

Para Damaris, su esposo era mucho más que un hombre corriente. Conocía su fuerza, su sabiduría y la extensión de tiempo que abarcaba su vida. La gente podía tomarlo por un viejo caminante, un ermitaño o, a veces, incluso por un ser divino. Para ella era, sencillamente, su amado Casiric. Y aun así le gustaba la idea de traerle una bebida alabada como la bebida de los dioses.

Al volver de uno de sus viajes, encontró a Casiric junto al fuego en la casa, junto a Papá Noel. Ambos estaban sumidos en una larga conversación, como tantas veces por aquel entonces. Santa estaba abatido, desanimado, y dudaba de su misión. Casiric le dio justo el ánimo que tanto necesitaba y le recordó por qué Santa había empezado, tiempo atrás, a llevar alegría y esperanza a las personas.

Damaris decidió, sin más, que ambos debían probar su nuevo descubrimiento.

Sin embargo, el sabor original no la convencía del todo. El cacao era fuerte, oscuro y amargo. Así que lo preparó a su manera. Añadió miel, algo de azúcar de caña y aquellas especias cuyo efecto y combinación conocía de sus viajes, cada una discreta por sí sola, pero juntas como hechas para esta única bebida. Más tarde empezó a usar leche, ajustando la proporción una y otra vez hasta que el cacao supo suave, intenso y aun así lleno de cuerpo.

Casiric conocía bien el arte culinario de su esposa y lo probó sin dudar. Santa hizo lo mismo.

Ningún libro de historia recogió jamás lo que realmente ocurrió, pero el cacao encajó tan bien con el gusto de ambos que Damaris ya no tuvo que cambiar su preparación. Casiric lo amaba, y Santa lo asociaba con aquellas largas conversaciones en las que, junto a su viejo amigo, recuperaba el valor y la confianza.

Desde entonces, el cacao de Damaris formó parte de sus veladas juntos. Mientras fuera el viento y la nieve rodeaban la casa, Casiric y Santa se sentaban junto al fuego, hablando del mundo, de la responsabilidad y de todas aquellas personas que dependían de la esperanza. Damaris les servía las tazas humeantes y pronto supo que una jarra nunca sería suficiente.

Con los años, Santa volvió una y otra vez, con gusto, a visitarlos. Sin duda buscaba el consejo y la amistad de Casiric. Pero, con la misma certeza, esperaba con ganas el cacao. Este se había convertido para él en un símbolo de su amistad con Casiric y Damaris, y lo motivaba una y otra vez en sus viajes.

Muchos años después, Emily, la esposa de Santa, y Damaris también compartieron impresiones sobre su preparación. Damaris le explicó a su amiga la mezcla, las especias y esos pequeños gestos que convertían una bebida amarga en algo cálido y especial. Emily se llevó ese conocimiento al Polo Norte, y así el cacao encontró finalmente también su lugar fijo en la casa de Papá Noel.

¿Sabías Que...?

El cacao procede originalmente de Mesoamérica. Los mayas, y más tarde los aztecas, lo bebían como una bebida amarga condimentada con chile, y apreciaban tanto los granos que incluso los usaban como moneda.

No fue hasta el siglo dieciséis cuando los españoles llevaron el cacao a Europa. Allí se endulzó con azúcar y se convirtió en una costosa bebida de lujo para la nobleza.

Desde el siglo diecinueve, el chocolate caliente forma parte de la Navidad en muchos países europeos, ligado a la tradición del ponche y los mercadillos navideños. Las especias que ya entonces viajaban por las antiguas rutas comerciales siguen dando su toque a muchas recetas invernales de cacao hoy en día. Cuáles exactamente eligió Damaris para su mezcla lo revela la receta completa más abajo.

La historia nos dice que en Europa el cacao se fue endulzando, especiando y, más tarde, preparando también con leche. Quién usó primero cada mezcla apenas quedó registrado. Quizá Damaris fue solo una más entre quienes perfeccionaron su propio cacao. Sin embargo, me gusta pensar que la suya es la versión que Santa ama tanto que, desde entonces, ya ningún otro cacao le sirve.

— Nota del autor

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